17 DE OCTUBRE

Córdoba, ayer y hoy, en el 17 de Octubre de 1945

 

peron y octubreAunque dice el refrán que Dios atiende en Buenos Aires y parece ratificarlo el papel decisivo que tuvieron las movilizaciones hacia la Plaza de Mayo de aquel día, en cuyo trascurso las masas obreras crearon el peronismo, en el interior del país los trabajadores hicieron también un aporte valorable. Es más, la FOTIA tucumana declaró la huelga general revolucionaria el 15 de octubre, mientras un sector del sindicalismo rosarino hacía otro tanto. Sin ocupar un lugar de vanguardia, como aquéllos, los obreros de Córdoba no fueron espectadores en esas jornadas, que obraron como una bisagra en la historia social y política de la Argentina[1].

En la provincia, las luchas trascendieron a la capital “docta”; involucraron a ciudades industriales del interior, como San Francisco y Villa María, donde había surgido una potente metalurgia, con la producción de repuestos y maquinaria agrícola. Hasta allí llegaron los temblores de octubre[2]. Éstos tuvieron, es obvio, un alcance más importante en la ciudad de Córdoba, correlativo con la mayor concentración proletaria.

En una nota reciente, el historiador César Tcach[3] desarrolla la visión antiperonista del suceso, en clave “de izquierda”. La intervención de la CGT cordobesa, dirigida por el socialista Bruno Herrera y la persecución a los gremialistas del PC; el rasgo más odioso de la acción realizada por la famosa Secretaria de Trabajo y Previsión, es presentada como la fórmula que “despejaba el camino” al Coronel Perón; su atención favorable a las demandas obreras de los sindicalistas a los cuales se había aproximado, son valoradas por el autor mencionado como la expresión de “una estrategia”, en implícita contraposición al sindicalismo opositor (PS y PC), que él presenta, implícitamente, como auténticos defensores de la clase obrera, no motivados por fines ajenos a las necesidades de sus bases[4]. Esto, obviamente, no es así. Los intereses obreros en modo alguno hacían aconsejable a ningún dirigente fiel a sus bases una política de enfrentamiento con un gobierno que, por primera vez en muchos años, concedía mejoras a todos los trabajadores. Si los sindicalistas del Socialismo y del Partido Comunista eligieron otro camino, aliándose con los sectores más antiobreros de la sociedad argentina, no fue respondiendo a la presión de los asalariados, sino enfrentándolos[5], liquidando el prestigio de que habían gozado, hasta entonces. Anacrónicamente, Tcach también alude a que se busca imponer “el disciplinamiento verticalista propios del universo militar”; algo que no ocurría en ese momento, ya que Perón lo impuso luego de llegar a la presidencia de la nación, cuando sí atacó al Partido Laborista y los jefes sindicales que pretendían preservar su autonomía política, como hemos señalado en otro lugar[6].

En aquel momento, con Perón en Martín García y las conquistas obreras puestas en duda por la presión oligárquica sobre las FFAA, los partidarios del Coronel en el seno del gobierno y, desde luego, los trabajadores y sus dirigentes leales, lejos de privilegiar potenciales contradicciones, se empeñaron en dar un vuelco a la situación adversa. Federico de Uña, del Sindicato del Dulce y Hernán Joffré[7], de UTA, fueron los líderes de la Federación Obrera de Córdoba; Enrique Álvarez Bocco, de Luz y Fuerza, fue otra figura de 1945. Esas organizaciones, con la Unión Ferroviaria, los Cerveceros, los obreros del Instituto Aeronáutico (novedosa designación de la Fábrica Militar de Aviones), los Canillitas y los Molineros se destacaron como expresión del nuevo sindicalismo. En el 17 de Octubre éstos y otros trabajadores ganaron la calle; se reunieron en la Plaza San Martín, por la noche, para festejar la liberación del coronel Perón y las noticias que llegaban de Buenos Aires; y el día 18, cumpliendo el paro general resuelto, protagonizaron movilizaciones y actos de repudio del que fueron blancos los centros activos y simbólicos del bloque oligárquico-imperialista, como IICANA,  el Club Social y el Jockey Club, la Bolsa de Comercio, los diarios antiperonistas La Voz del Interior y Córdoba, Feigín Hermanos y las sedes sindicales socialistas y comunistas, a las que veían como comparsas del frente antiobrero[8]. Otro tanto cabe decir del ataque al domicilio del rector de la Universidad, Rodolfo Martínez, otro notorio estigmatizador de “las turbas”[9]. Un mes después, esos nucleamientos sindicales darán nacimiento, en la provincia, al Partido Laborista, que llevará al parlamento a Federico de Uña, entre otros.

De los dragones a las pulgas[10]  

En una conversación, ya entrado el presente siglo, un delegado del Sindicato de Luz y Fuerza que redondeaba entonces los cuarenta años y se identificaba con el peronismo de Néstor Kirchner,  me advertía, para explicar diferencias intergeneracionales en la clase trabajadora, que el peronismo visible para aquéllos que como él cumplieron 20 años en la década del 90, fue el menemismo. En consecuencia –planteaba– era natural la pérdida de esa “confianza firme” (esta expresión fue suya y no se me ocurre una mejor) que los trabajadores de otras épocas tenían en el movimiento que se fraguó en las batallas de 1945.

Es necesaria una gran necedad para no entender esa somera lección de cómo se constituyen y van trocando las identidades políticas. El peronismo schiaretista es en Córdoba un transparente modelo de cómo pueden perderse los contenidos originales; una fuerza popular puede incluso modificar sus bases de apoyo –sustituir el fervor de los trabajadores y el pueblo de los centros industriales, por el respaldo de las clases rurales conservadoras del interior cordobés– aunque intente vender gato por liebre preservando símbolos y rituales vacíos de los que fue algún día su plataforma original.

Sin embargo, esa estafa, apoyada con los recursos que provee el poder, no resiste el examen. Si los obreros cordobeses de octubre del 45 vieron en la Bolsa de Comercio al enemigo de clase y a una entidad que operaba contra el interés nacional, Manuel Tagle, su actual vocero, militante fanático del conservadorismo neoliberal, es un sostén del gobierno de Schiaretti y una fuerza partidaria que se siente a gusto en esas compañías, con la Fundación Mediterránea y el Jockey Club, en el ambiente de los yuppies, los banqueros internacionales y demás sanguijuelas de la Córdoba actual. Toda esta tropa, sin excluir al gobernador, no duda en apoyar a Mauricio Macri si la hora exige optar entre Cambiemos y una política que responda a las mayorías populares y la defensa del país, para no hablar de acciones encaminadas a liberar al país, semejantes a las jornadas de Octubre del 45.

Córdoba, 16 de octubre de 2020

Notas:

[1] Según mis conocimientos, no existe una crónica que dé cuenta de los sucesos que ocurren en el interior del país en los días que van desde la prisión de Perón al 18 de octubre. Por nuestra parte, apuntamos, de un modo ilustrativo, algunos datos: el 17 de octubre, dice una nota del diario La Capital, de Rosario, en Tucumán “se vio también a trabajadores organizados en escuadrones, desfilando en sus cabalgaduras”, dirigiéndose hasta la Plaza Independencia, donde se hizo el acto. Otros llegaron en ómnibus, en “autos de transeúntes”, y a pie; en Salta, el 17 hay paro general y los ferroviarios desenganchan los vagones del tren Salta-Tucumán, que no pudo seguir a Rosario de la Frontera; el 18 hay paro y manifestación en La Plata y los trabajadores apedrean los diarios “El Día” y “El Argentino”; en Santa Fe la actividad es nula y el 18 hay una manifestación; en la noche del 17, la Federación Obrera Sanjuanina, con bombas de estruendo, anuncia la declaración de huelga general para el día siguiente, en el que se realiza una manifestación; en Paraná se paraliza la actividad, el 18, y los trabajadores llevan a cabo una manifestación; en Formosa, para el gremio ferroviario; en Rosario “puede decirse que toda la zona céntrica, era recorrida por grupos de trabajadores, que por diversos medios venían de los suburbios”, el día 18; en San Luis hay un acto, en apariencia “cuasi oficial”, el 19 de octubre; en Corrientes, paro y manifestación el 20; en Rafaela se paraliza el transporte, en los talleres sólo se trabaja hasta el mediodía, hay manifestación a la tarde; entre 3000 y 3500 trabajadores de Cañada de Gómez, “en la Plaza San Martín”, cantan el himno, con el transporte y los ferrocarriles en huelga, el día 18; en Venado Tuerto, a la mañana, los trabajadores obligan a los comerciantes a cerrar, para asegurar el paro. En Mendoza, según Yamile Álvarez, en su trabajo “En torno a los orígenes del peronismo mendocino”, hay paro y manifestaciones el día 18. En la lejana Patagonia, aunque no puedan registrarse conmociones en esos días, es claro el proceso de sindicalización masiva que pone fin al omnímodo poder de los terratenientes locales.  La suma de estos datos sustentan, sin duda, las referencias hechas por la conducción nacional de la CGT sobre la “presión constante del interior”.

[2] Los fenómenos derivados de la crisis del 30 y la guerra mundial incidieron también en la economía cordobesa como factores de impulso al desarrollo industrial en esos años. De 1935 a 1946, el número de establecimientos industriales, en toda la provincia, asciende de 3000 a 8500, y de 994 a 2100 en la ciudad capital. El personal del sector, en el mismo periodo, pasa de 23.600 a 57.028 y de 10.483 a 21.635, respectivamente

 [3]  Ver César Tcach, “Medianoche peronista en la plaza San Martín”, La Voz del Interior, 4 de octubre de 2020. A mi juicio, las valiosos aportes de este historiador a la historiografía argentina (Sabattinismo y peronismo es una obra de gran valor, como lo son los trabajos sobre los peronismos provinciales compilados por él, junto a Darío Macor, en los dos tomos de La invención del peronismo en el interior del país), aunque muestran a un ensayista pulcro y honesto en el manejo de las fuentes, padecen su inscripción de nostálgico admirador del sabattinismo histórico, incapaz de comprender que la aparición del peronismo lo superó dialécticamente, razón por la cual a partir de Perón, Sabattini fue un náufrago “nacional”, arrastrado por la historia a las costas hostiles del universo oligárquico, que lo esterilizó para siempre.

 [4] Un claro ejemplo de la ruptura entre los dirigentes gremiales del PS y el PC se verifica en el caso de Río Cuarto, donde el poder sindical formal sigue siendo suyo en octubre del 45. Por esa razón, el Comité de Unidad Sindical  “repudia enérgicamente todo paro o intento de huelga que elementos peronistas pretenden realizar”, lo que no impide que en febrero de 1946 el peronismo gane en los barrios obreros, como cuenta Rebeca Raquel Camaño, en “Centralización estatal y predominio del radicalismo garzonista en los orígenes del peronismo de Río Cuarto”.

[5] Esta actitud puede observarse, a título ejemplificativo, en los actos que se realizan el 31 de agosto de 1945 en homenaje a los exiliados que regresan del Uruguay, Silvano Santander, Agustín Araya y Julio A. Noble, de los que da cuenta la Voz del Interior, al día siguiente. Junto a esos oradores del más rancio antiperonismo, hablan en esos actos Miguel Ávila, en nombre del PS, y Rodolfo Aráoz Alfaro y Silvia Bergman, del PC. En el turbio maridaje de la derecha y “la izquierda”, con el radicalismo sabattinista negándose a sostener el bloque antinacional pero incapaz de sustraerse a la presión del mismo y responder a las sugestiones del Coronel Perón, ocurren cosas tan insólitas como el caluroso respaldo del Dr. Horacio Martínez, presidente de la Bolsa de Comercio, al “enérgico Stalin, gobernante de la Nueva Rusia”, que recoge en su edición del 1° de setiembre el matutino cordobés, en el mismo acto en el cual habla el cónsul británico, Mr. Herbert Davies. En semejante marco, es comprensible que Aráoz Alfaro llame a unir “a todos los partidos y clases sociales”, tras el “nuevo imperativo de la reconquista de la dignidad nacional” y Nadra, también PC, cite al conservador Aguirre Cámara, para llamar a “la lucha incesante para arribar al puerto de la libertad”, antes de dirigirse hacia la Confitería del Plata a tomar un cocktail con todos los “demócraticos”. Pareciera que a Tcach no se le ocurre imaginar cómo juzgarían los trabajadores de Córdoba a sus antiguos dirigentes sindicales al verlos asociados a fuerzas y figuras del Jockey Club y el Club Social.

 [6] Ver, del autor, “La conducción vertical después de Perón”, en http://aurelioarganaraz.com/politica-argentina/la-conduccion-vertical-despues-de-peron/

 [7] Pude entrevistar a Hernán Joffré, en 1974. Había simpatizado, antes del golpe de 1943, con Amadeo Sabattini; mendocino de origen, había militado en las huestes del lencinismo antes de mudarse a Córdoba.

[8] Se ha querido responsabilizar a los trabajadores del ataque a la Sinagoga y el Banco Israelita, omitiendo que  los protagonizan grupos marginales del fascismo criollo, como la célebre Alianza Nacionalista, que atribuyen a Perón inclinaciones antisemitas que el Coronel desmentirá durante los diez años de su ejercicio del poder. Esos grupos, complementando la propaganda de la Unión Democrática, aterrorizarán a la comunidad judía en 1945, hasta que los hechos prueben que el peronismo no viene a perturbar su vida. No debería omitirse, por otra parte, que el Interventor Oderigo clausura el local del grupo fascista el 20 de noviembre.

[9] La unidad obrero estudiantil, consigna central en la Reforma del 18, es traicionada en 1945, al enfrentarse la   Universidad y el movimiento estudiantil con el movimiento obrero. Recién la restablecieron, muchos años más tarde, los protagonistas del Cordobazo.

[10] La expresión de Marx “sembré dragones y he cosechado pulgas” sirve para contrastar la identidad original del movimiento parido por el 17 de Octubre y el peronismo “cordobesista” que padecemos hoy. Esa involución en modo alguno es responsabilidad de los trabajadores, que la padecen. Aclarado ese punto, señalemos una obviedad: siendo el propósito de esta nota valorar la significación actual del 17 de Octubre, con una visión atenta a los problemas actuales de la clase obrera y el movimiento nacional, nos desentendemos de la tarea de extenderla y abarcar, aunque sea someramente, la singular historia del peronismo cordobés.

Un pensamiento sobre “Córdoba, ayer y hoy, en el 17 de Octubre de 1945”

  1. Muy buena nota Aurelio, con citas y fuentes correctas. Quizás debieras escribir respecto de la caracterización que hizo la CGT en relación a la sitiación politica de aquel momento y el rol de los “Comités de fábricas” del cordón industrial del gran Buenos Aires. El paro general convocado por los “muchachos peronistas” de la central obrera fue convocado para el 18/10/1945 y la movilización a Plaza de Mayo se hizo el 17. Efecto paradojal o lentitud histórica de la CGT en reconocer la situación de efervescencia política que ya se veia en las fábricas? Fuera de cualquier apreciación puramente ideológica se confirma la regla. Un abrazo

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